Infraestructura y resiliencia climática
Carreteras, puentes, puertos, sistemas eléctricos o redes de agua potable forman parte de lo que se conoce como infraestructura. Estos sistemas permiten que funcionen las ciudades, las economías y los servicios básicos que usamos cada día. Sin embargo, el cambio climático está aumentando los riesgos para estas estructuras, especialmente en regiones expuestas a huracanes, inundaciones o sequías.
En este contexto surge el concepto de infraestructura resiliente, que se refiere a obras y sistemas diseñados para resistir fenómenos climáticos extremos, adaptarse a ellos y recuperarse rápidamente después de un evento. En palabras sencillas, es infraestructura preparada para enfrentar un clima cada vez más impredecible.
El Banco Mundial advierte que los desastres naturales pueden causar daños significativos en carreteras, redes eléctricas, puertos o sistemas de agua, afectando tanto la economía como el bienestar de las personas. En su informe Lifelines: The Resilient Infrastructure Opportunity (2019), el organismo señala que fortalecer la resiliencia de la infraestructura puede reducir pérdidas económicas derivadas de desastres y mejorar la estabilidad de las economías.
Por qué la resiliencia climática importa para el desarrollo
La infraestructura no solo facilita la movilidad o el acceso a servicios; también es un pilar del desarrollo económico. Cuando una carretera se inunda o un sistema eléctrico colapsa durante un huracán, se interrumpen actividades productivas, servicios públicos y cadenas de suministro.
El Fondo Monetario Internacional ha señalado que los desastres naturales pueden generar impactos macroeconómicos significativos, especialmente en economías pequeñas o vulnerables (World Economic Outlook, 2023). Daños en infraestructura pueden afectar el transporte de mercancías, la producción de energía o el suministro de agua potable, lo que a su vez impacta la actividad económica.
Un ejemplo claro se observa cuando tormentas o inundaciones dañan carreteras o puentes. Esto puede aislar comunidades, retrasar el comercio y aumentar los costos logísticos para empresas y consumidores.
Infraestructura resiliente y desarrollo sostenible
La resiliencia climática también está estrechamente vinculada con el desarrollo sostenible. Invertir en infraestructura que resista fenómenos climáticos ayuda a proteger comunidades, reducir pérdidas económicas y garantizar la continuidad de servicios esenciales.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo destaca que la inversión en infraestructura resiliente contribuye directamente a varios Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos el ODS 9 (industria, innovación e infraestructura), el ODS 11 (ciudades sostenibles) y el ODS 13 (acción por el clima).
Estas inversiones buscan garantizar que el crecimiento económico no se vea interrumpido constantemente por daños causados por eventos climáticos extremos.
América Latina frente a los riesgos climáticos
América Latina y el Caribe es una de las regiones más vulnerables a fenómenos climáticos extremos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha advertido que la región enfrenta riesgos crecientes asociados a huracanes, inundaciones y sequías prolongadas (La economía del cambio climático en América Latina, 2022).
Estos eventos pueden afectar infraestructura crítica como puertos, carreteras, redes eléctricas y sistemas de abastecimiento de agua. Por esta razón, la CEPAL subraya que las inversiones en infraestructura resiliente son fundamentales para reducir el impacto económico de los desastres naturales.
El caso de República Dominicana
La República Dominicana se encuentra particularmente expuesta a fenómenos climáticos extremos debido a su ubicación geográfica en el Caribe. Huracanes, tormentas tropicales e inundaciones forman parte de los riesgos climáticos que pueden afectar tanto a comunidades como a infraestructuras clave.
Diversas instituciones públicas participan en la planificación de infraestructura y adaptación climática, entre ellas el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones de la República Dominicana, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la República Dominicana y el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo de la República Dominicana.
Estas entidades trabajan en políticas relacionadas con planificación territorial, infraestructura pública y gestión de riesgos climáticos.
Además, la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 establece objetivos vinculados con la protección ambiental, la gestión de riesgos y el desarrollo de infraestructura resiliente.
Invertir hoy para evitar pérdidas mañana
Uno de los argumentos más sólidos a favor de la infraestructura resiliente es su impacto económico a largo plazo. El Banco Mundial señala que cada dólar invertido en infraestructura resiliente puede generar ahorros significativos al reducir daños y costos asociados a desastres naturales.
Esto significa que construir carreteras, puentes o sistemas de drenaje adaptados al clima no solo protege a las comunidades, sino que también representa una inversión inteligente desde el punto de vista económico.
Un ejemplo práctico es el diseño de sistemas de drenaje urbano capaces de manejar lluvias intensas. Aunque su construcción puede implicar mayores costos iniciales, estos sistemas pueden prevenir inundaciones que generan daños mucho más costosos.
El cambio climático está transformando la manera en que los países planifican su infraestructura. Carreteras, puertos, redes eléctricas y sistemas de agua deben diseñarse considerando riesgos climáticos cada vez más frecuentes e intensos.
Invertir en infraestructura resiliente no solo protege vidas y bienes, sino que también fortalece la estabilidad económica y la continuidad de servicios esenciales. En países como República Dominicana, donde los fenómenos climáticos extremos forman parte de la realidad geográfica, integrar resiliencia climática en la planificación de infraestructura será clave para garantizar un desarrollo sostenible.
Preparar hoy la infraestructura para los desafíos del clima es, en definitiva, una forma de proteger el bienestar económico y social del futuro.