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¿Estamos diseñando un país sostenible o improvisando soluciones?

La pregunta sobre si se está diseñando un país sostenible o simplemente improvisando soluciones refleja una tensión central en las estrategias de desarrollo de muchos países, incluida la República Dominicana. La evidencia de organismos multilaterales sugiere que, aunque existen marcos normativos y planes estratégicos orientados a la sostenibilidad, su implementación enfrenta desafíos que, en la práctica, pueden dar lugar a respuestas fragmentadas o reactivas más que a un diseño coherente de largo plazo.

Desde una perspectiva formal, la sostenibilidad está incorporada en políticas públicas y marcos estratégicos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha destacado que los países de América Latina han avanzado en la adopción de agendas alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, integrando dimensiones económicas, sociales y ambientales en sus planes nacionales (CEPAL, 2022). En el caso dominicano, instituciones como el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo han desarrollado instrumentos de planificación que buscan orientar el crecimiento hacia un modelo más equilibrado.

Sin embargo, el desafío no radica en la existencia de estos marcos, sino en su ejecución. El Banco Mundial ha señalado que uno de los principales problemas en países en desarrollo es la brecha entre planificación y resultados, donde las políticas no siempre se traducen en acciones coherentes en el territorio (World Bank, 2020). Esta brecha puede dar lugar a lo que se percibe como improvisación: decisiones que responden a presiones inmediatas, sin una articulación clara con objetivos de largo plazo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) subraya que el desarrollo sostenible requiere consistencia en el tiempo, coordinación institucional y capacidad de adaptación. Cuando estos elementos faltan, las políticas tienden a fragmentarse, generando intervenciones aisladas que no logran transformar las estructuras que producen los problemas (PNUD, 2021). En este contexto, la improvisación no necesariamente implica ausencia de intención, sino debilidad en la capacidad de ejecución.

Uno de los factores que explica esta situación es la fragmentación institucional. La CEPAL y el PNUD coinciden en que la sostenibilidad es un tema transversal que involucra múltiples sectores —medio ambiente, economía, infraestructura, energía—, lo que requiere altos niveles de coordinación. Sin embargo, en muchos casos, las instituciones operan de manera sectorial, lo que dificulta la implementación de políticas integradas. Esto puede generar contradicciones, como proyectos de desarrollo económico que no consideran adecuadamente sus impactos ambientales.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también señala que la falta de continuidad en las políticas públicas es un obstáculo importante. La sostenibilidad implica horizontes de largo plazo, pero los ciclos políticos suelen ser más cortos, lo que puede llevar a cambios en prioridades, interrupciones en programas o rediseños constantes de estrategias (BID, 2021). Esta dinámica refuerza la percepción de improvisación, ya que dificulta la consolidación de políticas sostenidas en el tiempo.

Otro elemento clave es la presión de necesidades inmediatas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha señalado que los países en desarrollo enfrentan restricciones fiscales y sociales que obligan a priorizar soluciones de corto plazo, especialmente en contextos de crisis (FMI, 2022). Esto puede limitar la capacidad de invertir en políticas sostenibles, que suelen requerir recursos iniciales y cuyos beneficios se materializan en el largo plazo.

En el caso de República Dominicana, esta tensión se observa en áreas como la planificación urbana, la gestión de recursos naturales y la infraestructura. Aunque existen marcos de planificación, los organismos internacionales han señalado que su implementación enfrenta desafíos relacionados con la capacidad técnica, la coordinación interinstitucional y la disponibilidad de información. Esto genera un desfase entre lo que se planifica y lo que efectivamente ocurre en el territorio.

Sin embargo, la evidencia también muestra avances. El Banco Mundial y el BID destacan que el país ha logrado progresos en áreas como crecimiento económico, reducción de pobreza y desarrollo de infraestructura. La cuestión central es si estos avances están siendo guiados por una lógica de sostenibilidad o si responden a dinámicas de crecimiento que no necesariamente integran todas sus dimensiones.

En términos analíticos, la respuesta no es dicotómica. No se trata de elegir entre diseño o improvisación, sino de reconocer que ambos procesos coexisten. Existen esfuerzos de planificación que buscan orientar el desarrollo de manera sostenible, pero también limitaciones estructurales que generan respuestas reactivas. La sostenibilidad, en este sentido, es un proceso en construcción, donde la calidad de la gobernanza y la capacidad institucional determinan en qué medida se logra avanzar hacia un modelo coherente.

En síntesis, la evidencia de la CEPAL, el Banco Mundial, el BID, el PNUD y el FMI sugiere que República Dominicana no parte de cero en el diseño de un país sostenible, pero enfrenta desafíos significativos en la implementación de esa visión. La percepción de improvisación surge principalmente de la brecha entre planificación y ejecución, de la fragmentación institucional y de la presión por responder a necesidades inmediatas. Superar esta situación requiere fortalecer la capacidad del Estado, mejorar la coordinación entre actores y asegurar la continuidad de las políticas, elementos esenciales para que la sostenibilidad deje de ser un marco conceptual y se convierta en una práctica consistente de desarrollo.



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