BlogComunidades ruralesUn piso de concreto puede cambiar mucho más que una vivienda

Un piso de concreto puede cambiar mucho más que una vivienda

Cuando se habla de déficit habitacional, la conversación suele concentrarse en construir nuevas viviendas. Sin embargo, miles de familias enfrentan otro problema menos visible, pero con profundas implicaciones para su bienestar: vivir sobre pisos de tierra.

Aunque pueda parecer una condición menor frente a otras carencias, diversos estudios internacionales han demostrado que sustituir un piso de tierra por uno de concreto genera beneficios que trascienden la infraestructura. Mejora la salud, reduce enfermedades, fortalece el desarrollo infantil y aumenta la calidad de vida de los hogares. Es un ejemplo de cómo una intervención relativamente sencilla puede convertirse en una herramienta de desarrollo sostenible.

En República Dominicana, el programa “100 Mil Pisos para Jugar”, impulsado por Hábitat para la Humanidad República Dominicana con el apoyo de la Asociación Dominicana de Productores de Cemento Portland (Adocem) y otras empresas, busca precisamente intervenir uno de los componentes menos atendidos del déficit habitacional: la calidad de las viviendas ya existentes.

Según datos compartidos por Hábitat para la Humanidad, la meta nacional es sustituir 10,000 pisos de tierra por pisos de concreto antes de 2028. Hasta junio de 2026 se habían construido 4,205 pisos en distintas comunidades del país, mientras que las empresas miembros de Adocem habían contribuido con más de 600 de estas intervenciones, mediante una inversión superior a RD$38 millones.

Sin embargo, el verdadero valor del programa no está únicamente en la cantidad de pisos construidos, sino en los cambios que estos producen dentro de cada hogar.

Los pisos de tierra favorecen la acumulación de polvo, humedad y microorganismos, condiciones que incrementan la exposición a enfermedades respiratorias, infecciones gastrointestinales y parásitos intestinales, especialmente entre niños y adultos mayores. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que las condiciones deficientes de la vivienda constituyen un determinante importante de la salud, al influir directamente en la exposición a riesgos ambientales dentro del hogar.

Esa relación ha sido documentada también por la evidencia científica. Uno de los estudios más conocidos fue realizado en México sobre el programa Piso Firme, cuyos resultados fueron publicados en la revista American Economic Review. La investigación encontró que reemplazar pisos de tierra por concreto redujo significativamente la presencia de parásitos intestinales y los episodios de diarrea en niños, además de mejorar indicadores relacionados con el desarrollo cognitivo y el bienestar de las familias.

República Dominicana también comenzó a medir ese impacto. De acuerdo con representantes de Hábitat para la Humanidad, el primer estudio de evaluación realizado por la organización en el país mostró resultados similares. Tras la sustitución de los pisos se registró una disminución cercana al 80 % en los casos de diarrea infantil, una reducción de alrededor del 70 % en enfermedades respiratorias y un incremento significativo en indicadores asociados al desarrollo cognitivo de los niños.

Los beneficios también alcanzaron a los adultos. La evaluación identificó mejoras en la percepción de bienestar, en la autoestima de las familias y en su situación económica, ya que disponer de un piso de concreto elimina la necesidad de destinar recursos a mejoras básicas de la vivienda y reduce gastos asociados a enfermedades frecuentes.

Estos resultados ayudan a entender por qué organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sostienen que la vivienda debe analizarse desde una perspectiva multidimensional. No se trata únicamente de tener un techo, sino de garantizar condiciones que favorezcan la salud, la seguridad, la educación y el desarrollo de quienes habitan esos espacios.

En el caso dominicano, el reto sigue siendo importante. Según cifras citadas por Hábitat para la Humanidad con base en el último censo nacional, alrededor de 69,000 viviendas aún presentaban pisos de tierra, un déficit cualitativo que se concentra principalmente en comunidades rurales, bateyes y zonas de mayor vulnerabilidad socioeconómica.

Durante décadas, las políticas habitacionales han privilegiado la construcción de nuevas viviendas, una estrategia necesaria para reducir el déficit cuantitativo. Sin embargo, especialistas en desarrollo urbano coinciden en que mejorar las condiciones de las viviendas existentes puede generar beneficios inmediatos para miles de familias con inversiones considerablemente menores que las requeridas para construir una casa nueva.

Este tipo de iniciativas también refleja una evolución en la manera de entender el desarrollo sostenible. Hoy existe mayor consenso en que combatir la pobreza no depende únicamente de grandes proyectos de infraestructura, sino también de intervenciones puntuales que transforman aspectos cotidianos de la vida de las personas. Un piso firme puede parecer una mejora sencilla, pero sus efectos alcanzan la salud pública, la educación, la productividad y el bienestar familiar.

La experiencia demuestra que, en ocasiones, el desarrollo comienza desde abajo, literalmente. Allí donde un piso de tierra deja de ser una fuente permanente de enfermedades e inseguridad para convertirse en la base sobre la que una familia puede construir una vida más saludable y con mayores oportunidades.



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